justicia en términos aristotélicos es lo que separa al hombre de cualquier otra especie. El ser humano es distinto del animal precisamente por su capacidad de percibir el bién y el mal, lo justo y lo injusto. La justicia además es una necesidad social, el hombre como ente alejado de la virtud es el ser más perverso y feroz, sujeto únicamente a los arrebatos de las necesiades primarias, sólo cuando se asocia políticamente y decide que lo justo es su valor supremo está en posibilidad de combatir las malas pasiones, de constituir el derecho.
¿Porqué entonces nos debatimos de una manera tan crítica entre el deseo de que cada quién reciba lo que le corresponde en términos de recompensas y castigos y una realidad que nos enfrenta ante la incapacidad individual de darle a cada cual lo suyo? ¿Qué nos acontece como sociedad y como personas para llevarnos a la imposibilidad de lograr un estado de derecho que por más que se oferte en discursos y programas, no se concreta en prácticamente ninguno de los ámbitos del actuar común?
El director General de ISSSTE, lo analizó de manera sencilla durante un desayuno con miembros de un grupo de aliados revolucionarios y sus reflexiones permitieron a algunos entender que nuestro deseo de justicia, nos lleva a veces al extremo de actuar injustamente, cuando asociamos ésta sólo con el afán de castigo contra quienes nos han dañado.
En charla sencilla, sin la atadura del discurso preparado, habló del qué y cómo de una institución, que a más de 30 años de haberse constituido con la formalidd que hoy le caracteriza, dedica el 53% de sus recursos a cubrir obligaciones con sus pensionados, población en aumento que antes tenía como soporte la parte proporcional de las cuotas de 23 trabajadores en activo, contra seis en la actualidad por cada individuo en retiro. Del 43% de los recursos restantes un 34% se aplica a servicios de salud, en un contexto cambiante de la epidemiología que hizo concebir la medicina social en términos del combate a la enfermedades infecto-contagiosas, en el presente controladas como causa primordial de mortalidad, lo cual ha dado paso a la presencia de los padecimientos crónico-degenerativos como preocupación, no sólo presupuestal, sino de atención para el cumplimiento del derecho a la salud elevado a rango constitucional.
Conscientes de estos cambios en las premisas, los responsables de la conducción de una institución como la que cito de ejemplo, han dado pasos hacia su modernización, privilegiando la medicina familiar, dándole a las clínicas una mayor capacidad resolutiva al dotarlas de unidades elementales de rayosX y análisis de laboratorio, eliminando el sistema de fichas para sustituirlo por el de citas o estableciendo un sistema en el surtimiento de medicamentos más eficaz; pero con todo y ello, en la mente de muchos parece prevalecer un afán, más que de justicia, de venganza en contra de quienes en el pasado han ejercido su función de manera corrupta o ineficiente, a tal grado que la modernización del centro hospitalario 20 de noviembre se presume como preámbulo de una venta a extranjeros en lugar de la materializacion del deseo de sus usuarios.
” No enterremos nuestros anhelos -dijo Manuel Aguilera Gómez- todos los tenemos, admitamos que en lo profundo de nuestro ser conservamos los valores que nos dieron nuestros padres” y es en esta reflexión en la que tal vez deberíamos profundizar. Hemos estado tan afanados en lograr el castigo en contra de quienes han carecido de estos anhleos, que estamos privilegiando el rencor por encima de la esperanza, sin percatarnos que al hacerlo enseñamos a las nuevas generaciones otra forma de injusticia, basada en la venganza, en el ejercico del poder del más fuerte. Aprendamos pués, no a ahogar nuestro deseo de justicia, sino a aplicar ésta en términos de equidad, con base en la razón y la objetividad de la mano de la virtud alejados del impulso natural que nos asemeja a la bestia.
ANHELO CIVILIZADO: JUSTICIA EN VEZ DE VENGANZA. – 30 de Septiembre de 1996
Julio 1, 2008 de liliacisneros