4 DE NOVIEMBRE DE 1996
Dia de muertos, espacio de reflexión en un contexto cultural acostumbrado a jugar con lo sobrenatural, lo mismo el fantasma ancestral lamentándose por sus hijos en un llanto de locura etena, que la vidente conductora de peritos en asuntos criminales, sincretismo religioso adorador de cristos amorosos bañados en sangre, que no comprende como es que aspectos de herencia genética y transmisiones de prácticas indígenas que le daban al elemento púrpura un rasgo místico de triunfo y trascendencia gloriosa al más allá, han llegado al mismo final del milenio. Jugueteo con la calaca vacía de entraña, sin cerebro, pero capaz de poner en jaque aún a los más avezados en técnicas modernas de investigación, para la procuración de justicia.
Oportunidad de recuerdo, no sólo de los que se han ido a algún cielo, sino de nuestra naturaleza finita, de los temores por lo que nos depara un término ineludible y la culpa a causa de nuestras omisiones y transgresiones sublimadas en ofrendas vestidas de fiesta y concurso rumbo a un final que se supone principio, sin tantas aflicciones, sin “imecas” encarcelantes y coartantes de la libertad y con la recompensa de un primer o segundo lugar perdido a veces por default, pués a los organizadores de la “justa cultural” -en este caso las autoridades municipales de Querétaro- se les olvida pasar a calificar el esfuerzo de personas comprometidas, como el de las enfermeras y personal del Hospital del Niño Quemado en dicha ciudad, que prendieron cirios a Luis Donaldo Colosio, benefactor quién hizo posible la construcción del edificio, constituido hoy en único álito de una memoria a la que muy pocos apelaron en esta fecha.
Regreso de ultratumba de una catrina, disfrazada de académico transnacional, que se lamenta de la proliferación de TLC´s tachados a destiempo de inoperantes, por la “falta de definición en las reglas de origen”, como si el cuestionamiento planteado en una sesión de mujeres universitarias, que le mostraba la inoperancia de los mecanismos de concliación si estos se referían al jitomate, hubiera también cobrado vida.
Pelona descarnada que invita a reir ante el gran despliegue de patrulleros desesperados por morder a los vivos no tan vivos, que descuidaron el doble no circula. Encuentro con la muerte de un estado de derecho famélico facilitador del tránsito al más allá de periodistas osados, dirigentes de oposición trasnochados y hasta diputados cuyo espíritu convirtió al recinto legislativo en una extensión de la panteonera, con el color efímero del sempasuchil, el sabor de los hoy escasos alimentos para el pueblo y la endeble luz de velas incapacaes de alumbrar la senda de una nación a punto de perder la vitalidad de su origen, su soberanía y sus raices culturales.
Tradición de muertos, artesanía de azúcar que hace menos amarga la hiel del desempleo, calabaza en tacha y tejocotes compitiendo con la mercadotecnia del halloween, oportunidad de recuperación para los vendedores de flores ajenos a los índices inflacionarios, lágrimas de añoranza, y rimas de sublimación que permiten la venganza sutil contra el opresor, sin el riesgo del cumplimiento de la amenaza de un gobierno que nos advierte sin pudor en cada corte comercial, del costo de la consecuencias por no pagar impuestos en esa versión actualizada del autoritarismo de la época feudal, asimilado por la fuerza impositiva de la conquista, en un mestizaje renuente a dejar morir esa “otra parte” de la que muchos se avergüenzan.
Unos muertos y otros vivos pero: NO TODOS SANTOS. – 4 DE NOVIEMBRE DE 1996
Julio 1, 2008 de liliacisneros