Sin que pase nada, frecuentemente escuchamos que una de las empresas con mayores quejas ante la Procuraduría del Consumidor ha sido justamente Teléfonos de México. En el pasado, usted podía llegar a arrancarse el cuero cabelludo antes que le atendieran sobre una suspensión injustificada, un cobro inadecuado o un conteo de servicio medido exagerado, eso -se decía- tenía su origen en la burocracia derivada de un sindicato protegido por el gobierno y en la incompetencia de directivos, también nombrados con criterios poco apegados a la eficiencia que -se supone- debe sustentar la eficacia de la iniciativa privada.
Con la venta de teléfonos, todos los usuarios abrigamos la esperanza de que las cosas mejorarían, nada más alejado de la verdad, de todos modos TELMEX siguió con sus vicios de antaño, sus prácticas prepotentes y la excusa de que habría de invertir mucho en la modernización, llegando casi a manejar una campaña que hiciera ver a Carlos Slim, como víctima de una transacción tramposa y no como uno de los amigos más cercanos al expresidente Salinas.
En este enero de 1997, TELEMEX, enfrenta quizá por primera vez, el riesgo de perder clientes, cuando menos en el negocio de largas distancias, que por virtud de la ley, en este año da la posibilidad a empresas competidoras de compartir un mercado hasta hace unos dias exclusivo de una camarilla de privilegiados, que para desgracia de los usuarios se resiste a admitir que ya estamos cansados de abusos, de cuotas asignadas unilateralmente y de quejas que tienen como destino el archivo general de la descortesía y el desprecio y ante ello se defiende.
¿Que como lo hace? es muy sencillo, por una parte le bombardean con anuncios que apelan a la emotividad del niño que salta para alcanzar el teléfono público -que dicho sea de paso en el comercial si funciona- la madre campesina que habla con su hijo, o la memoria del que dejó la infancia con el recuerdo vivo de una larga distancia; pero en la práctica le fiscalizan con argucias que envidiaría un agente judicial, para justificar el cambio de su contrato de linea residencial a comercial, con lo cual le impiden gozar de los descuentos ofrecidos por la competencia y el propio TELMEX, en las largas distancias.
Déjeme, darle ejemplos prácticos: usted es una persona que como resultado del desempleo, no ha encontrado más fuente de ingresos que el vender enciclopedias, o ser contacto en una agencia de viajes que le da un triste 3% por la venta de boletos de avión, en otras palabras es un comisionista, que no tiene recursos para montar una oficina y desde su casa, habla a sus clientes potenciales y quizá, hasta imprime tarjetitas con su nombre en la que pone su teléfono particular, que por lo mismo tiene un costo de renta menor. Un buen dia -quizá sería más propio escribir un mal dia- su recibo le llega con un cobro mayor, que le justifican en la oficina de aclaraciones, porque su linea es “comercial”, según el criterio de teléfonos, que además le vende la idea que al cambiarlo a ese sistema, cuenta con el privilegio de mayor número de llamadas sin cargo por servicio medido -argumento muy cuestionable- sin que le comenten por supuesto, que al ser su linea comercial y no residencial eso LO EXCLUYE DE LA POSIBILIDAD DE DESCUENTOS QUE OFRECE LADA Y POR SUPUESTO, LO INHABILITA PARA CONTRATAR CON LA COMPETENCIA A LA QUE SOLO SE LE ABRIÓ EL MERCADO PARA LINEAS RESIDENCIALES.
¡Espeluznante! ¿no le parece? Pero déjeme darle otro ejemplo, en México, como en cualquier sociedad que aun cuente con personas sensibles a dolor de otros, hay miles, millones de personas que dedican parte de su tiempo a la labor voluntaria, organizaciones que trabajan con ancianos, niños, mujeres violadas, jóvenes que requieren algun tipo de apoyo a causa de sus adicciones o del maltrato. Por supuesto estas organizaciones no tienen los recursos del señor Slim, para crear un fideicomiso de operación, pero se las arreglan y a falta de oficinas cada uno de los asociados presta un espacio en su casa, dona algo de papelería y ofrece su linea telefónica particular, como referencia para llamados, que en más de una ocasión han salvado la vida a alguien que se hubiese suicidado o que no hubiera contado con orientación para atender un accidente por quemaduras, de no ser por la voz que le contestó, tal vez desde la cocina del hogar de una voluntaria, que gustosa aceptó cubrir su cuota de amor al prójimo, prestando su teléfono para tales emergencias.
Hoy esos voluntarios, son hostigados por TELMEX, que en contravención al espíritu constitucional que prohibe los monópolios, insiste en concentrar y acaparar en pocas manos el mercado de la telefonía, con procedimientos que a todas luces están evitando la libre concurrencia a un servicio público, con la agravante de desestimular a los grupos de la sociedad civil, que en lugar de esta persecusión deberían esperar que un grupo tan poderoso económicamente como TELMEX, les apoyara, ya no digo con un donativo -que de paso hasta es deducible de impuestos- simplemente con cuotas preferenciales que compensen el gasto adicional que los no tan ricos si asumen, o por lo menos sin cargarles las mano, con este tipo de acciones que siguen coartando posibilidades de reparto equitativo de la riqueza ahora acaparada por pocas familias, insensibles al dolor y la pobreza de más del 50% del total de la población de nuestro país.
¿Cuestión de negocios?, ¿Prácticas monópolicas? ¿Egoísmo inhumano?¿Pataleos de un ahogado al que se le está quitando su bule para nadar? Usted juzgue, pero no se deje, defienda su fuente de trabajo, no se desanime para seguir practicando la filantropía, aun en las películas en donde al final supuestamente ganan los malos, en un segundo capítulo, el bién se impone.
CUIDADO CON TELMEX. – 6 ENERO DE 1997
Julio 1, 2008 de liliacisneros