Aunque parezca humor negro, las autoridades con júbilo dieron cuenta de cero muertos y solo 2 heridos en la primera posada o sea, una blanca Navidad. El asunto tiene varias lecturas, la primera y optimista supone que los capitalinos: hemos madurado, somos menos huapachosos y bastante responsables; pero a la luz de manifestaciones extremas como los caballos en la sede legislativa, la enjundia elevada casi a guerra civil entre policías judiciales y miembros de diversos cuerpos de seguridad pública, la imposibilidad de contener los ánimos juveniles de grupos paristas que no se percatan que en su huelga cumplieron el deseo del tío Sam de cancelar un año de matrícula universitaria y la de los “buenos” estudiantes cuyos insultos en letanías de posada, dirigidos por un Doctor en derecho haciendo apología de la mierda y basura, que según él, llena la cabeza del Mosch, esta optimista interpretación se deslava.
¿Que tal si la blanca Navidad es resultado de la obligada restricción de celebraciones en una economía en la que cuando menos el 25% del PIB, está comprometido para solventar el saneamiento de la banca? ¿Cabría la posibilidad de relacionar la disminución de riesgos con la casi desaparición de una cultura pachangosa por el hecho de que el 50% del producto del trabajo de los mexicanos esté faltamente destinado a solventar gastos relacionados con la deuda global de la nación? y todavía nos queda la alternativa de que se trate solo de una noticia manipulada con miras a la propaganda preelectoral que pueda crear un ambiente favorable a la llegada del Santa Claus inmigrante reencarnado en la persona de José Córdoba Montoya, quién al parecer instrumentará desde las altas esferas de PEMEX, el mejor regalo económico del milenio (para los socios ricos de la globalización of course).
De cualquier manera el próximo, viernes desde Dublín hasta la Tarahumara, pasando por los Pinos, Washington, los Balcanes y el Africa empobrecida, todos olvidaremos un poco nuestra tragedia humana, para imaginar que puede haber paz y buena voluntad entre los hombres y entre las naciones. Los muy ricos aminorarán su culpa donando algo de lo que les sobra para los muy pobres, estos seguirán el liderazgo de quienes les ofrezcan un horizonte esperanzador, voces infantiles entonarán villancicos que no entienden, los paladines de la guerra harán treguas y altos al fuego por unas cuantas horas y la gente de bien -que cada vez se encuentra menos- procurará reunirse para recordar que continúa viva la promesa de un redentor que en sus cortos 33 años de vida, nos habló de justicia, necesidad, armonía y un ciclo irremediable que inicia en Belén, termina en el Gólgota y nos da la esperanza de la trascendencia con la visión de una blanca Navidad.