COMPADRE, NO ME AYUDES
“No me ayudes compadre”, estarán repitiendo los hombres de campo, que desde hace décadas, cual canto de sirenas, escuchan los planes gubernamentales para su redención, los que en términos de política moderna, los convirtieron en parte de la “base ampliada”, prevista en la “miscelánea fiscal”.
Y a propósito de metáforas, el Sr. Presidente podría reclamar a sus colaboradores hacendarios, en los mismos términos del compadre rural, pues en diseño del COMO de esta “genial idea” , que partió de lo injusto de que sólo unos cuantos soportamos la carga fiscal, se llegó a aberraciones de pensar que ahora los principales causantes deben ser: los viejitos, los paupérrimos, campesinos, los desempleados ambulantes, las monjitas que recogen huérfanos y todas las asociaciones civiles que brindan atención a retrasados mentales, paralíticos, niños con cáncer, en suma los grupos altruistas que sin ofender, logran en materia de salud y asistencia mucho más de lo que el gobierno jamás haría.
En el ir y venir de mis últimos 18 años, en lo que parte importante de mi tiempo lo he dedicado a trabajos en favor de la niñez, he aprendido que a los niño con retraso no se les recibe en los hogares del DDF, que solamente hay unas cuantas camas en el sistema de los servicios médicos del D.F. para atender pacientes que sufrieron quemaduras, que el mayor número de niños abandonados son atendidos en albergues del Ejército de Salvación, o de las monjitas de diversas congregaciones, que con el apoyo de donativo de la sociedad civil hacen vigente el milagro de la multiplicación de los panes.
El éxito de estos grupos se fundamenta en dos soportes que muy difícilmente se dan en una burocracia: amor, y eficiente administración de recursos que cuesta mucho esfuerzo conseguir y que ahora por la magia de “la modernidad”, se van a convertir en base impositiva, lo cual además de injusto denota, la impresionante ignorancia -cuando menos en el ámbito jurídico-, de estos artífices de iniciativas de ley, que no entienden la diferencia entre un acto mercantil y un negocio jurídico, cuyo objetivo no es lucrar.
La lógica de estos genios de la economía, les hace expresar opiniones como esta: “tienen que pagar impuestos pues en sus estados financieros se percibe un remanente a favor”, ¡imagínese! no saben lo que en realidad una “utilidad” que en nada tiene que ver, con los dos o tres millones que quedaron en la caja de las monjitas del sagrado corazón, después de haber tejido chambritas, vendido dulces, o fabricando rompope, como parte de su afán para sostener, dar de comer, vestir y mandar a la escuela a 50 niñas sin padres. Antes de hoy, ellas podían con júbilo planear la compra de colchones o pensar en arreglar la tubería de agua caliente, para el futuro deberán “pagar impuestos” o convertirse en evasoras, o cerrar su casa de asistencia y rogarle a Dios que el gobierno con sus nuevos ingresos haga algo por sus 50 huérfanas.
En fin, con todo respeto a una legisladores que desconoce el sentido de las metáforas, yo si creo que la “miscelánea fiscal” (y que conste que el nombresito se lo pusieron ustedes), fue elaborada al “vapor” por gente que de derecho, justicia social y planeación económica, conoce tanto como un astronauta de pasteles navideños.
Son gente ambiciosa de poder, que en su búsqueda se convierten en los mejores artífices del engaño, individuos que me recuerdan a aquellos sastres de un rey, que fueron descubiertos públicamente por la risa burlona de los niños hambrientos, las madres sin esperanzas y los hombres paupérrimos que no fueron impactados por sus patrañas y que simplemente tuvieron ante sus ojos, la desnudez de un monarca que cría estar estrenando un traje de modernísimas telas.
Publicado el día 18 de diciembre de 1989
Diario de México