Tanto, Gomez Morfín como Elias Calles, deben haberse retorcido en sus tumbas luego del desaguizado en la Cámara de Diputados, en el que los herederos de sus siglas y no me refiero sólo al PRI y al PAN, sino que incluyo a todos quienes en su búsqueda desesperada del poder, igual se pintan de amarillo, que de rosa solferino o rojo estrellado, demostraron su absoluta desvinculación de las aspiraciones populares.
Si los actuales dirigentes de partidos y aun los que pretenden desde la exclusión aparecer como el último samurai, pretextando un caudillismo que no se han ganado, se tomaran el tiempo de analizar el artículo tercero de lo que queda del pacto constitucional emanado de la gesta revolucionaria, aprenderían que la democracia no debe ser considerada como una estructura jurídica y un régimen político sino “un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.
Si esta fuera la visión de los partidos y no la de simples cuentachiles que se pelean por el dinero frente a la miseria de millones de seres humanos, muy probablemente el abstencionismo no hubiera sido el gran ganador de la jornada electoral del 10 de noviembre, fenómeno al que por cierto ninguno de los dirigentes le ha concedido importancia, afanados como están en el protagonismo y no en asuntos de fondo como lo es la legitimación auténtica de los procesos electorales, por la vía de participación mayoritaria de aquellos a quienes pretenden representar.
Para los concertadores, llevar a buén término la reforma electoral no era otra cosa que imponer su criterio sobre quienes aun conservan una calidad numérica superior y más allá de si esta mayoría es o no representativa, resulta ilógico admitir que los muchos deban someterse al capricho de los pocos. Ahora bién tampoco debe ponderarase hasta el éxtasis, la postura de los concertacesionadores, pués ellos, más que defender a sus representados, parecen haber estado ciudando sus posiciones y su posibilidad de acceso a recursos financieros que el pueblo siente le están robando y así lo manifestará en las urnas, bién con el voto en contra, bién con el desprecio absoluto a la participación como ocurrió en los Estados de Mexico, Hidalgo y Coahuila, apenas unos dias antes del “sorpresivo” desenlace.
Entrecomillo lo de sorpresivo, pués un fuerte sector de opinión, considera que la supuesta ruptura entre partidos “complices” o entre gobierno y PRI no es tal, abonando a este criterio afirmaciones de los distintos bandos, que se refieren no al fondo, sino a la superficialidad de algunas formas como: “Urge ponerle fin a esta etapa dolorosa de la historia” por parte del PAN, que no aclara si el dolor resulta de la imposibilidad del triunfo por la vía de la negociación de posturas perdidas en la urnas o aquello de “para evitar el riesgo del narcotráfico primero debe dársele dinero a los campesinos” demagogia perredista que acusa su dificultad de desprenderse de los esquemas paternalistas que tanto han perjudicado al país.
No sin mucha razón se acusó a los priístas de prepotentes y revanchistas, algunas declaraciones y el tono de las mismas tuvieron ese lamentable tamiz, pero rapidamente la advertencia de que “en el 97 tendremos la mayoría”, incluyó a los frustados opositores en esta esencia vengativa, a la cual se agregó la explicación no pedida, que dió el dirigente panista cuando dijo que sus correligionarios “no son ángeles ni demonios sino simples humanos”.
Guerra de pandillas, afirmó un periodista, circo y no parlamento, señaló otro, desconocimiento elemental del lenguaje diríamos algunos que nos percatamos de la incomprensión del significado distinto entre: complicidad y concenso, representatividad y abrogación, demagogia y auténtica democracia, que implica por principio, la capacidad de desprenderse de los intereses propios para primero escuchar lo que desea el pueblo y luego hacer hasta lo imposible por cumplirlo.
CONCENSO O COMPLICIDAD; ESA ES LA CUESTION. – 18 DE NOVIEMBRE DE 1996
Julio 1, 2008 de liliacisneros