(1a. parte)
Todo el que aspire a ser líder, debe entender que este ideal en nada tiene que ver con la figura del Llanero Solitario. El quijote y su escudero están bien como figuras de lo que debe ser la guia interior de cualquier ser humano; pero operar grandes proyectos, como una empresa o una dependencia pública, implica ayuda, orientación y apoyo de otros; aun en el esquema capitalista, en el que el conflicto reina en todas partes, porque el patrón pelea con los sindicatos, la empresa contra el gobierno, los integrantes del gobierno contra sus grupos opositores -al interior y al exterior- los gerentes contra los consejos administrativos y asi hasta el infinito.
Las raices sociales, tienen mucho que ver con la conformación y la permanencia de los grupos de trabajo, en algunas sociedades orientales, los individuos y grupos desde muchos siglos atrás han aprendido a trabajar con consensos en pro de metas comunes; pero la mayoría de las sociedades occidentales y más aun las que tienen una fuerte influencia norteamericana, practican una organización basada en la interacción de gerentes, secretarios de Estado, líderes de grupos disímbolos o cualquier otro tipo de guia, que en principio debe garantizar la buena marcha del grupo que conduce.
México, casi magicamente, por varias décadas logró tener en funcionamiento un sistema que combinó las tendencias organizacionales orientales presentes en nuestra raiz indígena y las occidentales traidas de ultramar por la mezcla de razas del español. Los líderes lo eran no sólo por el llamado que les hiciera el que ostentaba el mando según el turno -mismo al que dicho sea de paso, respondían antes que nada con gratitud y lealtad- sino porque se identificaban con sus comunidades, eran una especie de “tatas” porque además conocían su negocio, es decir tenían experiencia, sabían de lo que hablaban y por ende sabían que hacer y como instrumentarlo.
Muchos factores han contruibuido al desgaste de aquel “buen sistema”, que ha dado paso a un caos organizacional generalizado en el que las sustituciones se dan porque: no hay de otra, todos están agarrados del chongo, este se queda aunque sea de asesor pues yo lo digo o no pasa nada si tal silla se queda vacía unos dias, al fin que el reglamento preveé a los encargados del despacho. El primero es la preponderancia de un liderzago personalizado y autoritario que muchos de nuestros gerentes y políticos noveles aprendieron en la universidades norteamericanas. De otros hablaremos la próxima semana, con la definición además de la identidad de los titulares de dos secretarias de estado, hasta hoy en manos de subalternos y con datos más consistentes que los que puedan recabarse en las verbenas populares sobre el quehacer de los pregoneros del cambio en el D.F.
EL LIDERAZGO NO SALE DE LA URNAS. – 5 enero 1988
Julio 1, 2008 de liliacisneros