Una corriente de comunicadores, considera que el éxito del mensaje estriba en el reforzamiento de los sentimientos de las audiencias y es en base a esta hipótesis, que propangandistas famosos como Göebels, lograron la conducción de las masas, hacia objetivos predeterminados como el enaltecimiento de la imagen del fürer, el convencimiento de la doctrina nacional-socialista o la práctica y complacencia por las fobias racistas.
El fenómeno de la propaganda política, ha sido materia de conferencias, seminarios, cursos, ediciones y un sin fin de análisis que, en general, condenan este tipo de comunicación por su esencia básicamente manipuladora. Casi ningún joven alemán de los años cuarentas, pudo excluirse del influjo de imágenes, preparadas para provocar en esa generación la admiración por la guerra, el desprecio por quienes fueron estereotipados como inferiores y, sobre todo, -aunque su manejo se diseñara para los niveles subliminales o subconscientes- el pánico ante la posibiidad de ser tachado como desleal, traidor o simplemente pusilánime.
Cualquier sociedad asustada es más dúctil y hay quienes empiezan a sospechar que el bombardeo de notas rojas -no sólo por la esencia de lo narrado, sino por el púrpura de la sangre mostrada a borbotones- que nos vemos obligados a a tragar los mexicanos, tiene algo que ver con esas delesnables prácticas de comunicación.
Si usted era de las audiencias que disfrutaban la plácida mirada de conductoras afables que le platicaban del acontecer en el interior de la república y la defensa de la flora y fauna del planeta, tal vez no sospeche que la sustitución de la mitad de ese tiempo con noticiarios que de plano nos hielan la sangre y nos invitan a no desear pasear por una ciudad más que desnuda, a la que han despojado de todo rastro de bondad, tiene mucho más contacto con la intención de someter los impulsos de todos nosotros hacia la protesta y la inconformidad, que con la realidad de una sociedad decadente como la que se nos muestra, y en la que para colmo nos obligan -quien sabe si pórque nos consideren retrazados o por simple técnica de lavado cerebral- a asimilar técnicas médico-forenses, en relación a una calavera, presentada a destiempo.
Y es que, más allá de que para los chistes del dia de muertos todavía le cuelgan algunos días, o si la osamenta, es o no de Muñoz Rocha, que si la “plantaron” en el terreno del inculpado, al igual que -dice la hoy viuda- la PGR de entonces “plantó” droga en la casa del desaparecido y supuesto autor intelctual, o si el cráneo lo trepanaron los practicantes de medicina, y/o los perversos violadores de los derechos humanos, el hecho es que sí parece haber una estrategia de comunicación que pretende distraernos de los temas trascendentes, a cambio de la oferta de un drama en el que se discute la infinita maldad de los Salinas de Gortari o su calidad de víctimas en el presente a manos de justicieros que claman revancha por su pasado.
Y al margen del humor terapéutico que alcanzaba el sumun en los tradicionales versos de calacas irónicas, la advertencia de que debemos estar guardaditos sin chistar y dentro de los horarios de un toque de queda virtual al que nos obliga el creciente número de lámparas sin luz en la calle -dicho sin metáforas musicales- y el temor de ser protagonista de la próxima noticia, hacienda dejó la lindeza de Lolita y los beneficios que se logran con nuestros impuetos para explicarnos abruptamente y sin pudor la amenza de lo que nos puede ocurrir si dejamos de pagar o si al menos a ellos se les antoja considerarnos evasores, amarrado esto con -otra vez las noticias- el relato del encarcelamiento de los influyentes como para que a usted no le quepa duda que si ni ellos se salvan, es tiempo para que los pobres ciudadanos, empecemos a conducirnos como siervos de la edad media, al fín y al cabo que las sutilezas académicas entre estado de derecho que pone por encima de la imperfeccion humana, la objetividad de la ley y Estado policía que se vale de ésta para perseguir y limitar libertades, sólo son privilegios de unas cuantas mentes preclaras cuyo acceso a los medios de comunicación está, por cierto, muy limitado.
EL MIEDO Y EL CONTROL DE MASAS. – 14 de Octubre de 1996
Julio 1, 2008 de liliacisneros