Luego de un gran debate, esencialmente político, los capitalinos “hemos ganado” el derecho a elegir al ejecutivo responsable de la conducción de nuestra convivencia, en un proceso demócratico que desearíamos fuera algo más que la justificación del gasto millonario para la campaña de 1997.
Más que decidir entre colores o slogans abstractos, a la ciudadanía de esta parte del país nos gustaría que tal opción, representara un cambio en la calidad de vida que todos percibimos deteriorada y a veces sin esperanza. Para que el esfuerzo no aumente la frustración y la desconfianza y por el contrario implique una verdadera participación de quienes seremos, en última -¿y porqué nó en primera?- instancia, los destinatarios de la toma de decisiónes, sobre todo tipo de asuntos, de quién se constituya “por el voto ciudadano” en el primer regente emanado de “la voluntad popular”, los aspirantes a tal responsabilidad, además del prurito de ganar para mantener el poder o arrebatárselo a otro, deberían contar con claridad respecto, cuando menos, a tres aspectos torales en la vida del Distrito Federal: el primero relacionado directamente con quienes aquí habitamos, seres humanos de carne y hueso, que por ende comemos y debemos dar sustento a nuestras familias, tenemos sentimientos, que no deberían ser solo negativos, y somos, sujetos de derechos.
El segundo, tiene que ver con la calidad del espacio que habitamos, o dicho en términos modernos, con el equilibrio ecológico, quebrantado inmisericordemente por: toneladas de basura o depredación de recursos de toda índole, lo mismo bosques, que aguas o aire y el tercero, de corte esencialmente político ¡atención! hablamos de político, no electoral para ganar o perder posiciones de poder; sino referido al logro de soluciones de convivencia entre los distintos grupos cuya confrontación nos produce hartazgo y que con la miope visión de sus particulares fines, pierden la amplitud de un contexto que les augura la aniquilación de todos ellos y de paso la nuestra.
¿Que tienen en mente los ya cacareados precandidatos de todos los partidos, en relación al hecho de que somos demasiadas gentes para este limitado territorio? ¿que propuesta nos habrán de plantear para disminuir los índices de migración de personas a las que vemos deambular por las calles extendiendo la mano lánguida mascullando el ” me da pa´ un taco”, primera frase que aprenden de un español que les es ajeno? ¿Están concientes de que este río de inmigrantes provenientes de campos depauperados y poblaciones sin centros de salud, nulifican el decremento que hemos logrado en la tasa de nacimientos? ¿Que idea humana tiene el que aspira a dirigir nuestra convivencia, que no sea la persecución y el encarcelamiento de estos avencindados que tarde o temprano caen en la delincuencia? ¿Tienen una estrategia definida para -ahora sí- impedir los asentamientos irregulares que esta presión humana propicia en las periferias de la ciudad? ¿Esta estrategia incluye también la lucha en contra de fraccionadores corruptos, bién de las lomas, bién de Iztapalapa?
En esta época, que se nos antoja debería ser más de trabajo pragmático que de grilla y ataque que ya a nadie convence, los precandidatos podrían buscar en el pueblo y no sólo en la genialidad de sus futuros colaboradores, respuestas a planteamientos como los que he esbozado. Sin más parafernalia que un lápiz y papel y sin el alto costo de las encuestas -filón de empleo para quienes no desean llegar a la conducción de un taxi o al ambulantaje- constatarían que, la mayoría de los “chilangos de a mentiritas”
desean volver a su tierra, pero viven con el espejismo de aquí van a conseguir los recursos para una mejor vida allá. Desalentar esta ilusión es sólo cuestión de comunicación; hay que explicarles -con algo más que una peliculita del Mil Usos- que esto es falso, que aquí tienen el riesgo de caer en manos de las mafias que les explotan, les roban a su hijos, obligándoles a trabajar desde pequeños, sin contar con la violación de sus mujeres, y por supuesto deben hacer labor política con los responsables en cada entidad estatal, para evitar la expulsión de sus habitantes, hacia esta cumbre de los IMECAS, que afecta la vida de “chilangos auténticos” quienes luego no podemos, ya no digo salir de vacaciones, ni siquiera a caminar en nuestros parques, porque se sugiere “hacer patria” matándonos.
Aunque no espero paga alguna por estas lineas de oficiosa asesoría a todos los presuntos futuros candidatos al Departamento, continuaré en mis próximas entregas sugiriendo lo que el contacto con la gente en las plazas, la plática con el conductor, las quejas que a diario proceso, por parte de parientes amigos y empleados, me ha dado un panorama somero de lo que los defeños anhelan. Por hoy, pensemos en que el asunto de los ambulantes tiene en su esencia muchos ingredientes: el desempleo indudablemente es uno, los anhelos de grupo y la corrupción estan presentes, una larga raíz de inclinación hacia el comercio como actividad vital que se remonta hasta la época prehispánica y por supuesto, la falta de decisión para aplicar la ley en aras del bién comùn, que es la sobrevivencia sana de todos, incluidos los que tenemos derecho a usar las calles para lo que fueron diseñadas, quienes desean la garantía de que el producto adquirido esté respaladado por alguien o no es robado; pero al mismo tiempo buscan buenos precios y no abusos, los que prefieren un entorno sin ratas, basura o tanques en peligro de explotar y también aquellos que estarían dispuestos a someterse a reglas, siempre y cuando estas no fueran tortuosas, imposibles de cumplir y hechas sólo para propiciar la corrupción o cuando menos el desánimo.
LA CARRERA POR EL D.F. Más propuestas y menos grilla. – 25 DE NOVIEMBRE DE 1996
Julio 1, 2008 de liliacisneros