Uno de los vocablos que con más frecuencia hemos utilizado en el año que está por concluir, es justamente el de crisis, que conforme a su etimología, no significa otra cosa que cambio, favorable o desfavorable según se le enfoque. Crisis, es también un intervalo de manifestación aguda de una afección, o momento decisivo y peligroso en la evolución de las cosas. En términos financieros es sinónimo de escasez o carencia y en el ámbito de la política se utiliza para definir el período intermedio entre el término de un gobierno, gabinete, dirigencia partidista o ministerio y el advenimiento de otro nuevo.
La semana que concluyó, nos dió más de una muestra de crisis en todas las áreas de la vida nacional, las luchas de ambulantes nos hablan de la angustia por la falta de dinero, derivada no sólo de la insuficiencia de empleos, sino de la ausencia de políticas eficaces para incentivar la productividad con cierto sustento de credibilidad por parte de los actores en el proceso respectivo. Las remociones y renuncias son muestra indubitable de que nos encontramos inmersos en un proceso de cambio político y en éste se corre el riesgo de nulificar los avances que hemos logrado como nación, si es que no tenemos la serenidad para analizar una crisis individual y social que, de no tomarse en cuenta, nos conducirá irremediablemente al retroceso, me refiero a la crisis de valores.
Cuando la importancia de la lealtad o la responsabilidad, se cambian por el simple beneficio personal, la búsqueda del poder en si mismo y la incongruencia entre lo que se ha dicho y lo que se actua, es tiempo de detenerse a analizar la afección que nos aqueja como sociedad. Por supuesto que en aras de la superación, todo ser humano es libre de cambiar de opinión, esta actitud ha sido definida como una forma de sabiduría; pero si en el sustento de dicho cambio lo que subsiste es el interés de mantener posiciones de prevalencia con mentalidad caciquil y actitud de tránsfugas, el antivalor que aparece es la traición y la incongruencia.
Más allá del morbo irracional que conduce al regocijo malsano por el abandono de las filas de una militancia que carece del sustento de causa o lucha válida y que unicamente se ha apoyado en el manejo de privilegios de herencia o posiciones cómodas, los ciudadanos deberíamos reflexionar en lo sano que es para cualquier grupo organizado -llámese partido, club, o asociación de la índole que sea- la retirada de personas que han trascurrido por la vida, sin el respaldo de propuestas serias o trabajo digno de ser, ya no digo considerado, mucho menos evaluado en términos de servicio, compromiso o lealtad.
La falta de confianza que la ciudadanía refleja hacia los partidos políticos, tiene como causa fundamental, no sólo la incomprensión de sus dirigencias hacia el deseo y las necesidades de participación de todos sus integrantes, muchos de los cuales, por sobradas razones, sufren el peso de la exclusión; sino la evidencia de la veleidad de algunos pseudo-militantes que, para desgracia del quehacer político, encuentran eco en oposiciones dispuestas a recibir, casi en calidad de cañería, a toda la basura que sale de cualquier parte.
Para que la historia registre esta crisis, como preámbulo de cambios hacia lo positivo, es urgente que todos los actores de la sociedad luchemos por recuperar los aspectos serios de la política. Aristóteles consideró que “la búsqueda del poder por todos los medios, no sólo justos sino inicuos, es trastornar todas las leyes, porque el mismo triunfo puede no ser justo”. A los ávidos del poder por el poder mismo, les vendría bién una revisión de estos conceptos, un repaso bibliográfico serio quizá les permitiría entender que “el Estado más perfecto es aquel en el que cada ciudadano, sea el que sea, puede merced a la leyes practicar lo mejor posible la virtud y asegurar mejor la felicidad”. Es a cada uno de nosotros a quienes toca elegir, qué tipo de sociedad y de ejercicio político deseamos, para ello debemos ocuparnos más del análisis y menos del escándalo y la reacción irracional a la que nos conducen unos pocos ya sea por el rumor o por la nota amarillista.
Es tiempo de unión, de solidaridad, de estudio, de trabajo y de recuperación de valores. Unicamente usted logrará el cambio, no espere que otros lo hagan en su nombre, como resultado de la indolencia.
LA POLITICA: VALOR O ANTIVALOR. A usted le toca definirlo. – 16 DICIEMBRE DE 1996
Julio 1, 2008 de liliacisneros