Ocurrió finalmente, no sólo algunos sino muchos dijeron BASTA, no más aceptación de líneas acordadas al margen del sentir de las bases, no más imposiciones provenientes de las recámaras del ejecutivo, no más desatención al clamor de quienes, con razón o no, se consideran con el derecho a ser escuchados, tomados en cuenta y hasta designados para las posiciones de liderazgo, dentro y fuera del partido al que han dedicado militancia, convicción y recursos.
Como era de esperarse, aún con la sorpresa que implicó el rechazo a algunos textos, como el relacionado con las condiciones para ser candidato a las primeras magistraturas y las senadurías o el que tardiamente está condenando el desvío de las doctrinas económicas tradicionales -nacionalismo revoluciorario contra neoliberalismo- algunos sectores quedaron insatisfechos, sobre todo aquellos que esperaban una rabiosa aprobación a la condena en contra de Carlos Salinas de Gortari, cuya expulsión -conforme a derecho, procedimiento y forma política- se turnó a una instancia distinta de la XVII asamblea priísta, que por cierto no podía considerar este asunto como prioritario, no sólo por la esencia del mismo sino por razón de competencia.
Lo importante es que, con todo y los vaticinios negativos, se demostró que aun persiste algún álito de vida en el tricolor, lo cual no implica tampoco que las tengan todas consigo, falta en primer término ver si esta imposición de las bases lograda sobre la “linea”, se lleva a la práctica y resta también conocer la reacción del primer mandatario -cuyo pensamiento no podía yo adivinar al cierre de esta entrega- quién ganó con una abrumadora mayoría de votos priístas y que ha establecido de manera muy clara su “sana distancia”.
A nadie se le puede ocurrir qué, porque el PRI finalmente rectifica su posición en materia económica, de manera automática el actual responsable del ejecutivo, vaya a hacer lo mismo; y sin ahondar demasiado tomemos sólo el asunto de la petroquímica, tema que por cierto no fué nunca mencionado en las jornadas de campaña presidencial pero que si es materia de desición, ahora en linea diversa a lo que considera el partido que le dió su aval y que con la definición del sábado abiertamente está descalificando la venta de estos recursos.
En fín al igual que ocurrió en la selección nacional, cuyos dirigentes por la presión popular debieron darle lugar a Carlos Hermosillo, los jerarcas priístas también se vieron precisados a abrir espacios a quienes tal vez piensan diferente pero que se consideran hábiles para realizar buenas jugadas, ojalá que el resultado no sea similar al que se dió en Honduras, porque no bastaba con la inclusión de los que no le gustaban a Bora o sus empresarios para ganar el partido, un jugador aislado no puede meter goles, así como un partido desarticulado y sin trabajo de equipo dificilmente logrará el triunfo.
La XVII asamblea mostró también un aspecto preocupante, muchos de sus miembros desconocen las reglas del trabajo parlamentario y de la política, no es con gritos, sombrerazos y palabras altisonantes con lo que se avanzará en la democracia, representar las auténticas demandas populares implica también, serenidad, cordura, capacidad de negociación -no concertacesiónes- buenas maneras, conocimiento de la historia, civismo y sobre todo oficio político.
LA SELECCION Y LA XVII ASAMBLEA. – 23 de Septiembre de 1996
Julio 1, 2008 de liliacisneros