UNA BOMBA, QUE NO LO FUE.
Menudo susto el que se llevaron los miles de compradores y paseantes en un centro comercial al sur de la ciudad capital, cuando miembros de la seguridad empezaron un discreto desalojo, por la presunción de una bomba el pasado sábado al filo de las 8 de la noche, que afortunadamente sólo resultó ser una bolsa con cables que alguien de buena o mala fe, dejó por ahí olvidada.
El caso sin embargo merece alguna reflexión: primero por la consideración de este tipo de atentados en la mente de los responsables de la seguridad de la ciudad, que dicho sea de paso actuaron con prontitud y diligencia, según nos consta a quienes ahí estábamos y segundo por su posibilidad de existencia en el ánimo de la ciudadanía que reaccionó con rapidez y calma; aunque con cierto desconcierto por no saber que en casos como estos, lo más importante es salvaguardar la vida y no el coche que se había estacionado en los sótanos del inmueble.
Por cierto que la falta de experiencia en el manejo de casos de emergencia como el que da tema a estas lineas, se pudo observar en hechos tan lamentables como el desatino de ponerse a cobrar la cuota de estacionamiento por parte de los cajeros en las dos únicas salidas del mismo, en vez de agilizar un desalojo, que en el caso de haber resultado cierta la sospecha de explosivos, hubiera determinado pérdida de vidas y una tragedia de alcances incalculables. ¿Cómo es posible que no hubiera habido alguien que determinara que salir pronto, era más importante que recuperar un pago? Si acaso el interés económico para los directivos de esa empresa está por encima de las vidas humanas, ¿no se les pudo ocurrir, que el costo por liquidación de seguros sería más alto que la recuperación de cuotas por unas horas de estacionamiento? En fin, el hecho es que junto con el ambulantaje, la basura y la contaminación, la seguridad es uno de los temas que con más cuidado debe asumir cualquier resposable de la conducción y la convivencia en el Distrito Federal, que próximamente será escenario de una contienda política de alcances insospechados que se reflejará en el todo el país.
La elección de regente, más que la renovación de legisladores y ediles, marcará el rumbo de una nación en la que la falta de confianza, la incredulidad y el circo montado por enemigos de los mexicanos, nos convierte en presa fácil de un reducido grupo con intereses transnacionales, que están apostando, en primera instancia, al triunfo electoral de quienes se identifican con un capitalismo recalcitrante, sustentado en doctrinas económicas favorecedoras de las posturas más reaccionarias para las que las grandes masas de marginados no son sino un mal necesario que, tarde o temprano, deberá ser eliminado por el camino del hambre, la enfermedad o la desesperación.
En el caso de que el proceso demócratico del 97 y luego el del 2000, no les favoreciera, el AS en la manga de estos enemigos de la justicia social, se llama “anexionismo”. El sueño de incorporación al primer mundo, lo acarician por igual los socios fuertes del TLC, que sus cómplices, mal llamados conciudadanos de un México cuyo pueblo entiende, con más claridad de algunos inocentes fiscales especiales, que los megalómanos en el dizque exilio, son capaces de esgrimir toda suerte de mentiras y actuaciones con tal de lograr lo que ha sido su único y vital propósito: favorecer a unos cuantos privilegiados a los que poco les interesa el deterioro en la calidad de vida que produce la basura y la ruptura del equilibrio ecológico o los estallidos sociales que puedan causar grupos de comerciantes cuya necesidad de supervivencia se convierte en instrumento de manipulación politica alejado de sus verdaderas causas: el desempleo, la pérdida total del valor adquisitivo de nuestra endeble moneda, etc.
¿Porqué no comentas las declaraciones de Salinas y dejas para otra ocasión, problemáticas del D.F.como el ambulantaje, la basura y la seguridad? me sugirió alguno de mis lectores, pero el hecho es que además de ser el expresidente un ambulante de cuya basura ya mucho se ha dicho, coincido con lo expresado por algunos sectores concientes en la sociedad: no son éstos, tiempos de confrontación y división entre los mexicanos. Urge que todos hagamos algo, para poner alto a políticas de comunicación en los medios electrónicos que promueven la violencia, la destrucción de nuestros valores o la confrontación entre pueblo y autoridades, propiciando además, una organización ciudadana positiva que, por encima de las coyunturas electorales, logre la implementación de alternativas que neutralicen a quienes pretenden vernos como simple mercancía ofertada en el mercado internacional.
LAS DECLARACIONES DE UN EXPRESIDENTE Y EL D.F. 2 de diciembre de 1996
Julio 1, 2008 de liliacisneros