Para este momento el CGH, debe tener alguna resolución que, según los optimistas, está apostando a la continuidad del diálogo que resulte en la solución de un conflicto que paralizó a la UNAM durante prácticamente dos semestres. Quienes sin protagonismo hemos vivido de cerca casi 40 años de vida universitaria, deseamos que ésta prolongada situación de encono concluya, para bien de todos, en un acuerdo sustancial que no postergue un minuto más las agendas pendientes convertidas cíclicamente en semilla de movimientos que en nada coadyuvan al progreso de la nación. Para ello, ambas partes deben acudir a las mesas con madurez, con actitud tolerante y con la conciencia clara de que no podemos arribar a un nuevo siglo peleados con nosotros mismos, hacerlo es tanto como negar por la vía de la necedad el futuro de nuestros hijos.
Igual reflexión deberían hacerse los sectores políticos, pues si bien es válida la contienda por el poder, lo que no se vale es la postergación del interés público en aras de los propósitos particulares. Como simples mortales tenemos que hacer un extrañamiento a diputados cuyos disensos en la Cámara -a propósito del presupuesto de egresos o leyes que se discuten de espaldas al pueblo- cancelan empleos, ingresos decorosos, trato equitativo en todos los ámbitos de la convivencia y por supuesto certeza jurídica y política que nos permita vivir en paz y con posibilidades de desarrollo. Mucho bien haría a México el que nuestros representantes recordaran a Lord Byron “Apenas son suficientes mil años para formar un Estado; pero puede bastar una hora para reducirlo a polvo”
Malo será el inicio del año si como resultado de acciones viscerales se cancelan fuentes de empleo y posibilidades de movimiento a los ciudadanos como se está viendo en el caso TAESA. Tal vez es explicable, pero nunca justificable, que por demostrar al enemigo vencido, el error de no haberse “alineado” se afecten derechos elementales de terceros. Ya bastante sufrió la nación, por la vendetas personales de un ex-presidente en contra de quienes se atrevieron a expresar su desacuerdo. En cualquier tipo de decisión -lo mismo si se trata de la petición de renuncia de un colaborador, la imputación de alguna conducta ilícita o el planteamiento de un compromiso internacional- es menester considerar al pueblo como destinatario primero de ésta, para evitar consecuencias como el desabasto del gas, el endeudamiento fatal y no consultado para las generaciones futuras y lo que es más grave el descrédito a todas vistas de aspirantes a dirigirnos a los que les vendría bien el proponerse estudiar a sabios como Confuncio quien sentenció “En un país bien gobernado debe inspirar vergüenza la pobreza, en tanto que en un país mal gobernado debe inspirar vergüenza la riqueza” o a Jefferson “No se puede ser demasiado severos con los errores del pueblo sino tratar de eliminarlos por la educación”