TODOS COLUDOS O RABONES
Mientras en el centro de la República se habla de modernidad, y de erradicación de la corrupción, poblados como San Miguel Aloapan, distrito de Ixtlán de Juárez en Oaxaca, siguen siendo territorio de luchas fratricidas, donde los intereses de caciques, apoyados por Antorcha Campesina, han dado lugar a constantes violaciones de los más elementales derechos humanos.
En una detallada relación de hechos que se inician desde febrero de 1987, auténticos comuneros de la región, decriben al gobernador de la entidad, cómo es que los señores Fausto López Santiago, Adalberto Santiago, Sotero Cruz, Isaías Alvarez y Epifanio Méndez, entre otros, en contubernio con el presidente municipal, han propiciado el terror, con acciones que van desde la privación ilegal de sus derechos agrarios hasta violaciones de mujeres, amenazas de muerte, golpes y encarcelamientos, para lograr el monopolio de la explotación forestal de la zona.
El caso es sorprendente, sobre todo porque ante la ausencia de cualquier fundamentación jurídica para las felonías propiciadas por estas autoridades corruptas se pretende desorientar a la opinión pública, señalando que las víctimas son miembros de “sectas” evangélicas, como si en este México nuestro, la libertad de cultos consagrada en nuestra Constitución, fuese un supuesto de delito, que debe perseguirse como en la época de la Inquisición.
Las 17 familias que el 15 de abril de este año fueron informadas de la prohibición de utilizar los molinos de nixtamal, impedidas de adquirir productos de primera necesidad en las tiendas Conasupo, y excluídas del servicio de transporte de la comunidad, son, es cierto, miembros de la iglesia Metodista, pero también son ciudadanos mexicanos, que entienden de manera clara la separación entre los asuntos religiosos y del gobierno, y en ningún momento son responsables ni de disolución social, ni de ninguna guerra santa como pretende hacerse creer.
La iglesias evangélicas, que no “sectas” como despectivamente se les llama, son a fin de cuentas una importante minoría de mexicanos que, como en el caso, están viendo violentados sus derechos sin que aparentemente quienes aplican a la ley estén dispuestos a entender, que la propiedad, la vida, la integridad corporal, la libertad de expresión y de asociación, son valores universales, y no exclusivos de una grey, religiosa o política.
Tan es de tipo económico el problema que a la fecha de los encarcelamientos y despojos, los caciques no hicieron distingos, por lo cual, en el clímax de la represión, la iglesia metodista “Efeso”, hubo de albergar en sus instalaciones a 75 familias, muchas de ellas también católicas, o de otros credos distintos del de la denominación mencionada, que sin hacer excepción de personas llevó brigadas médicas, ropa y víveres, igual para los unos que para los otros.
Ante la sinrazón, quien no respeta la ley recurre casi siempre a la calumnia directa o disfrazada, si no hubiese la coincidencia de que una parte importante de los perseguidos se identifican con la fe evangélica, nada nos extrañaría que se les acusara de comunistas, guerrilleros o espías de la CIA, pues para efectos de desinformación igual sirve una que otra cosa, sobre todo una opinión pública que poco sabe de la trayectoria que importantes evangélicos mexicanos han tenido en nuestro país, como es el caso de Sóstenes Juárez (juarista), Otilio Montaño (zapatista), Dr. Francisco Vela (carrancista), Ignacio Manuel Altamirano, Moisés Sáenz, Amado Nervo, Juan de Dios Peza, Gonzalo Báez Camargo, sólo por mencionar algunos.
Estamos seguros, que el atender este delicado asunto, Heladio Ramírez tendrá presente que el licenciado Salinas ha manifestado que es presidente de todos los mexicanos y que estos metodistas oaxaqueños, también son ciudadanos.
Publicado el día 4 de diciembre de 1989
Diario de México