Todavía con la cruda de un “mitote” multimillonario en el que la modernidad del lazer convivió con el tradicional mariachi sublimado con la voz de la ópera, México inicia el dos mil en el arrancadero de la democracia que en términos del proceso federal anticipa un costo por votante cercano a los 200 pesos -5 veces el minisalario- sin considerar por supuesto los gastos adicionales por campañas locales en la capital y varios estados de la República. Además de lo inútil de este despilfarro, al parecer de muchos desempleados, el fantasma de la inequidad en el reparto de los dineros se hace presente cuando analizamos que para la elección de un jefe de gobierno, 16 delegados y 66 diputados locales, en un territorio pequeño como el D.F., se aprobaron más de mil millones de pesos, en tanto que el Instituto Electoral de Veracruz por solo citar un ejemplo que deberá elegir más de 200 presidencias municipales apenas logró 160 millones.
Y así, mientras casi la mitad de la población se debate en la pobreza, la democracia se convierte en oportunidad de “vida decorosa” para los pocos invitados a un banquete de excesos con celulares, viáticos, transportes de lujo y pingües ganancias para los negociantes de la publicidad. ¿Para que tanto brinco si a la hora de la verdad, los dizque paladines de la oposición en la cámara de diputados, cual modernos Pilatos, abandonan el recinto de debates en asuntos tan espinosos como la aprobación del presupuesto? ¿que garantía tienen los simpatizantes del Pan, con personajes hoy pintados de azul que en el pasado se identificaron con la izquierda o crecieron mamando leche del sistema al que supuestamente ahora se oponen? ¿No debe darse una lectura profunda al hecho de que el abanderado priísta inicie su campaña en el estado concertacesionado al partido descendiente de los conservadores, solo para garantizar la permanencia de un grupo local? ¿Como puede el pueblo estar seguro de que alguno de los pretendientes garantice un México sin la opulencia de unos cuantos en detrimento del bienestar de la familia de las mayorías, si sólo en su campañas el derroche, la falsedad y la incongruencia entre lo que se piensa, se dice y se hace es evidente?
De cualquier manera, el dos mil ha llegado, el mitote se acabó, la pasarela fue reservada -por quien sabe que arreglos internos- a solo una parte del gobierno nacional y la caballada está lista para iniciar una carrera de 7 meses, cuya factura se le endosará al pueblo, a cambio de un relevo personal, en el que la esperanza -motivación que nunca muere- llevará a las urnas a millones de seres anhelantes de un México nuevo, con justicia, pan y libertad.