En la crisis desinformativa a la que nos somete la complicidad de los medios electrónicos con los intereses transnacionales, apenas a nivel local se ha ventilado uno de los tantos casos de discriminación y violencia que, con todo y la suscripción de compromisos internacionales, hacen de las mujeres las eternas víctimas. El turno le tocó a Clementina Guerrero, universitaria con altas calificaciones académicas a nivel maestría y una larga carrera que sustenta su actuar profesional y de buena fe en el sistema al que ha servido con imparcialidad y honestidad. En este tenor, ella respondió a la convocatoria pública para concursar por la dirección General de la Comisión Estatal electoral de Veracruz y se ganó a ley el puesto que fue ratificado conforme a derecho por las instancias legislativas y operativas del caso.
Pero a los intereses del poder no convenía su perfil, por ello se instrumenta un proceso, bastante desaseado, en el que entre otras cosas y utilizando a otra mujer como alfil, se le obliga a presentar su renuncia previa advertencia de lo que puede pasarle en el ámbito familiar y personal si acaso no “acepta la invitación” para enterrar todo un anhelo democrático y de paso la tan cacareada autonomía de los órganos electorales. ¿Algún parecido con lo ocurrido a la mujer que dirigía la comisión de los derechos humanos? ¿Le da la impresión que esto se asemeja a la tanteada que le hicieron a Socorro Díaz cuando le prometieron la gubernatura de su estado natal? ¿Algo que ver con los “sutiles comentarios” respecto a la actuación de la Sra. Rosario Robles, con la casi nula presencia de las féminas en todos los órganos electorales del país o con la decreciente aparición de éstas en las listas de legisladoras? ¿Se avergüenzan por fin de los argumentos descalificadores del pasado en que el éxito femenino normalmente se asociaba a algún tipo de amasiato? Imposible hacer un juicio en tan pocas líneas; pero el hecho es que el “sistema” funciona y el poder se comparte solo con aquellos dispuestos a jugar con las reglas que garanticen el statu quo.
A esta reflexión podríamos agregarle cientos de mujeres de Chiapas y el mundo indígena que se la rifan a diario con la muerte, otras tantas universitarias -muchas de las cuales están recluidas en consejos tutelares o cárceles preventivas- y miles de madres etiquetadas hoy como culpables de haber engendrado “guerrilleros, facinerosos y delincuentes del orden común”. Porque como puede notarse, aquí los acuerdos en favor de la equidad de género, la igualdad de oportunidades y las décadas en favor de la mujer son apenas regulares retóricas de campaña que utiliza el poder masculino para la obtención de votos, que en el caso particular, sospechamos no lograrán revertir el alto abstencionismo jarocho.