El tema flota en el ambiente desde el 6 de febrero ¿Son los estudiantes, presos políticos o delincuentes? ¿Es la simple participación en una lucha social lo que da éste carácter a cualquier sujeto privado de su libertad? ¿Es válido reivindicar este calificativo aun cuando haya la presunción de la comisión de algún ilícito? ¿Se justifica la no aplicación de la ley o la sustracción a la justicia sólo por la defensa de las causas populares?.
Las detenciones han tratado de explicarse en términos de formalidad jurídica, desde la salvaguarda del estado de Derecho, pasando por el cuestionamiento de la calidad de estudiantes de algunos actores del movimiento, hasta la satanización de las injerencias políticas; pero nadie o quizá muy pocos, se atreven a enfrentar dos hechos fundamentales: Si la aplicación de la ley se hace de manera infundada, imprudente o caprichosa y por lo mismo afecta los derechos fundamentales, entonces la propia norma, violenta el Estado de Derecho y; el movimiento tiene razones políticas diversas, que todos pretenden ignorar y que muy pocos se atreven a explicar. Desde el punto de vista de los estudiantes hay confusión, pues la simple oposición al alza de las cuotas, es en si una razón económica que se convertiría en política si se analiza en términos de un proyecto educativo tendiente a ponderar las universidades tecnológicas para consolidarnos como país maquilador; pero también el gobierno -con el aval de juristas que han olvidado la enseñanza de Recasens Siches, en el sentido de que la peor de las soberbias lo es la intelectual- ha pretendido de manera lamentable sustentar, con acciones autoritarias, la extralimitación de sus funciones.
Si todas las partes analizan humilde, serena y maduramente las causas del movimiento y proponen soluciones positivas que nos acerquen a la paz, a una defensa de la educación gratuita por la que otras generaciones lucharon; pero no con métodos que lleven en si mismos el desmembramiento del sistema educativo, sino con un diálogo auténtico, inlcuyente, alejado de la manipulación y la reacción visceral, entonces sí podremos hablar de restañar las heridas, reconocer el mérito de cada uno de los que han participado y sobre todo recobrar un concepto de autoridad que se pierde, lo mismo cuando el padre del adolescente que desea ser formado integralmente, grita en vez de escuchar o amenaza en lugar de amar que cuando el maestro ejerce el poder vertical en vez de entrar en la dialéctica de la razón. La autoridad universitaria se ha desgastado no solo por los gritos coléricos de los estudiantes, también han contribuido: la cerrazón al diálogo, el hablar con mentiras y el delegar su posibilidad de gestión en la fuerza bruta. En este contexto nadie en realidad, tiene la entereza ni la verticalidad, para presentarse ante el pueblo con la legitimidad de defender, justificar o fundamentar su propuesta. ¿Son o no Presos políticos? La respuesta va más allá de calificar si lo que hay en el cerebro de algunos es materia gris o esteriércol.