Con gran angustia, aun cuando teníamos la certeza de que el nombre de nuestros hijos o los amigos de ellos estarían en la fatídica lista, esperamos la lectura de los cientos de apellidos. Para ellos solo eso, letras ordenadas en riguroso sistema alfabético, para nosotras vida engendrada hace 15, 18 o veinte años, esperanza de preparación académica, anhelo de que en sus vidas se hiciera la justicia que a nosotros no nos concedió el sistema, urgencia de que el título les permitiera jornadas laborales menos cansadas que las nuestras.
Pero al igual que siempre, lo mismo que se ha hecho por siglos con las mayorías a los que nuestros jóvenes representan aun sin la parafernalia de un plebiscito, han sido reprimidos, con la fuerza de la bota, con la amenaza del tolete, con el miedo y lo que es más brutal, con la salvaje manipulación de una televisión vendida a los intereses del dinero neoliberal.
Hoy le dieron al 13 un poco de agua de su propio chocolate, no les pasaron corriente; al festín de la represión solo fue invitado televisa y para no quedarse atrás lloraron su berrinche acusando de agresión a otro de nuestros hijos, que por supuesto no tendrá el apoyo legal de alguno de los reaccionarios maestros de una facultad de derecho que debería sentir vergüenza de exhibir la decrepitud de maestros como Burgoa y el fascismo de “doctores” como Othón Pérez Alvarez del Castillo. Y a estos pseudo defensores del estado del derecho, queremos preguntarles ¿Como puede calificarse de terroristas a muchachos de 15 y 16 años? ¿No se tipifica este delito con las acciones realizadas por el gobierno represor que con la fuerza bruta secuestra a jóvenes casi niños cuyo único anhelo es el estudio y el diálogo? ¿En donde queda el Estado de Derecho cuando la autoridad desestima las soluciones discutidas y concensadas? ¿No le parece, cuando menos falto de hombría, sino es que un delito en contra de la patria el azuzar a los jóvenes más inocentes para enfrentarse en contra de sus hermanos como lo pretendieron en días pasados?
Las madres de estos estudiantes, vejados y difamados, sabemos por experiencia vital que los hechos de esta mañana apuntan a la advertencia de que de aquí para adelante, el diálogo y aun el derecho a ser escuchados no existen en México; pero también estamos seguras de que con ello no han resuelto problema alguno porque aunque sus esbirros de la indefinición como en el caso del señor Everardo Moreno, afirmen triunfalistamente que recuperaron las instalaciones para devolverlas a sus legítimos dueños, para le gente pensante es claro que la universidad significa algo más que edificios y que no son las autoridades sino los auténticos universitarios los que tienen derecho a permanecer en ella.
Denunciamos ante la opinión pública al secretario de gobernación, quien en complicidad con el Procurador y el rector, no sólo como terroristas, sino como autores intelectuales de crímenes organizados inducen a jóvenes menores de edad a cometer delitos, enviándolos como carne de cañón, para enfrentamientos estériles, que en última instancia le cuestan al país muchos más recursos de los que pretenden se han perdido por el movimiento y que debieran ser utilizados para educar y no para iniciar una guerra civil fratricida.